¿Quién dijo que la ciencia y la literatura eran incompatibles? Desde siempre, los autores han recurrido a la naturaleza para expresar sentimientos tan abstractos como el amor o el odio. Un ejemplo de ello lo encontramos en Antonio Machado, con poemas que tienen títulos como “a un naranjo y a un limonero”, “a un olmo seco”, “en los árboles del huerto” o “a orillas del Duero”. Poetas de todos los tiempos han expresado sus sentimientos haciendo símiles con el mar, los árboles, las flores, un atardecer, la lluvia, el propio órgano corazón…”En medio del prado hay una escuela adonde van las flores y las abejas, amapolas y lirios, violetas pequeñas, campanillas azules que, con el aire, suenan” que diría Gloria Fuertes, “que no me digan a mi que el canto de la cigüeña no es bueno para dormir” de Alberti. así que ya sabeis, en la poesía también se puede encontrar ciencia.