Para aquellos científicos dinámicos a los que le guste investigar tanto en el campo como en el laboratorio, les guste la enseñanza y la exposición de sus obras, el mejor sitio para hacer su carrera es un museo. Al menos eso dice un reportaje publicado en Nature en su último número, el 10 de enero de este recién estrenado año 2008. En este reportaje se cuentan cosas curiosas como la relación de Stephen Jay Gould (autor, al menos en parte, de la teoría del equilibrio puntuado) con los museos. Con sólo 5 añitos se quedó perplejo al ver un esqueleto de dinosaurio en el Museo de Historia Natural de Manhattan, ahí empezó a desarrollar sus inquietudes científicas. Dicen que su “obsesión” por aquel museo era tal, que hizo el Doctorado en la Universidad de Columbia (Nueva York) para estar cerca de él.
No creo que todo visitante de un museo quede tan impactado como Jay Gould, pero es cierto que en los museos se pueden encontrar auténticas joyas. Hay que visitar los museos, ver esas piezas de la naturaleza que nos hacen comprender un poco más nuestros orígenes. Saber de dónde venimos para respetar en donde estamos y, quién sabe, averiguar adónde vamos.